—Estoy harto de Claudia. —dijo Thiago irrumpiendo en la oficina de Verónica.
Ella levantó el rostro y se reclinó en el espaldar de su sillón.
—¿Puedes creer que piensa enfrentarse a mí en el caso Bellini? —continuó diciendo.
—¿En verdad piensa hacer eso? —cuestionó Verónica fingiendo asombro, mientras por dentro se regocijaba con aquella noticia.
La sola certeza de que su rival y su marido tendrían que confrontarse en el juicio despertaba en ella una satisfacción casi perversa.
—¡Sí! —r