Después de Germán dejar a Gertrudiz en la finca fue a su encuentro amoroso con Julia, llegó a su casa, ella había preparado un excelente desayuno para ambos y un exquisito postre que estaba segura, Germán degustaría sin titubear, su sexo almibarado. Tal cual lo planificado, desayunaron, conversaron un poco, luego los besos u las caricias prepararon la escena para el encuentro sexual. Germán se desvistió, se internó entre las piernas de su conquista, saboreó con su lengua y labios los pétalos abiertos que bordeada su vagina húmeda. En ese instante, su móvil sonó. Solo alguien podía llamarlo, su jefe o Claudia, tuvo que abandonar su postre, a pesar de las súplicas de Julia.—No te detengas, please. Sigue anda, sigue.—Lo siento, debo atender. —Al escuchar la voz de Paul, salió de la habitación.—Dígame jefe.—Es justo lo que quiero que me digas ¿Dónde está Claudia? La estoy llamando y ni atiende. Necesito que la ubiques ahora mismo. Sabía que esa mierda de estar sola la ponía en r
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