La voz estridente de Santiago llamándola, la sacó de sus pensamientos.
—¡Mami! Mamita ya estoy listo.
—¡Wow! que hermoso ese galán. —lo abrazó y le estampó un beso en su mejilla.
Detrás de él, Gertrudiz sostenía el bolso ya preparado.
—Gracias Gertrudiz, me cambio y bajo. Por favor dígale a Germán que prepare el auto, en cinco minutos salimos.
—En seguida, Claudia —tomó al niño de la mano y salió de la habitación.
Siguiendo la sugerencia de Paul, buscó en su guardarropas algo cómodo para