Lía, la madre de Mónica, llevaba quince minutos hablando sin parar, apenas respirando. Era todo un récord de actividad lingüística. Y Amaro estaba rompiendo el récord del yerno paciente, asintiendo entre bocado y bocado. —Así que esa es mi idea para una cadena de salones de belleza de lujo, con locales en las principales ciudades del país y una clientela exclusiva de mujeres pertenecientes a la alta sociedad y famosos del mundo del cine y la televisión. Será un éxito asegurado, pero necesito capital para iniciar, una pequeña inversión que me permita establecerme —la mujer miró a Amaro, agitando sus largas pestañas postizas. —Claro, envíame un informe bien detallado del proyecto, que incluya los costos, utilidades estimadas y la proyección del negocio de aquí a dos años, y entonces conversaremos sobre el tema. —¿Informe? Pero... Pero soy tu suegra, eso debería ahorrarme tanto papeleo. Soy de confianza, ¡de la familia! —Negocios son negocios —repuso Amaro y dio el asunto por termina
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