Alma miraba la caja entre sus dedos, consciente de que Amaro estaba esperando a que se tomara la píldora. Quería verla con sus propios ojos para que no le saliera con sorpresas después. Esa preocupación debió quitarle el sueño, si hasta había madrugado para conseguir la bendita píldora.
Con movimientos lentos que rayaban en lo angustiante, Alma sacó el medicamento y lo dejó a un lado. Luego sacó el prospecto, que estiró y empezó a leer entre sorbos de café, como si se tratara del periódico. C