«¿Dónde estabas, Alma?», le preguntó su madre, con el tono duro que se usaría con un enemigo. «¿Vienes de verlo a él? ¡¿Fuiste a verlo así?!».
La mujer no se refería a la ropa de Alma porque usaba la que ella misma le compraba. Sus críticas iban dirigidas al cabello, que la muchacha llevaba suelto; una hermosa cabellera rubia que le llegaba casi a la cintura y que, para su madre, era una ofensa.
«¿Sabes qué clase de mujeres llevan el cabello así? Solo las que quieren calentar a los hombres pa