Por la mañana, Alma y Amaro se saludaron con la cordialidad que debía haber entre un jefe y su empleada al encontrarse en la cocina porque Sonia había regresado. La mujer le sirvió desayuno a Amaro y a Mónica que, para variar, estaba en la casa y despierta.
—Esta noche vendrá mi madre a cenar con nosotros. Espero que estés presente y que no la hagas pasar un mal rato con tu mal humor —dijo ella.
—Pides bastante. Y das muy poco —sentenció él.
Mónica le sonrió con complicidad mientras le desl