Amaro metió el pie e impidió que Alma cerrara la puerta. Después de todos los disgustos que había pasado, lo mínimo que esperaba era una explicación. Empujó la puerta e irrumpió en la habitación.
—¿Qué mierd4 estás diciendo?
—Que... ¡Que usted tiene una esposa!
Amaro se pasó las manos por el cabello, frustrado. Alma parecía ser muy lista. Debía serlo si estudiaba enfermería, pero a ratos era terca como una mula.
—Eso lo sé perfectamente y pensé que habíamos llegado a la conclusión de qu