El silencio en la red neuronal de Vance era aterrador, una vacuidad gélida que intentaba succionar cada recuerdo de mi infancia, cada rastro del calor de Natalia. Pero afuera, en el suelo sagrado de Eldoria, el caos era un incendio fuera de control. El olor a ozono se mezclaba con el de la sangre fresca y el pelaje quemado. Los Lobos-Drones, mis propios hermanos, avanzaban con la precisión de un relojero asesino, escupiendo ráfagas de plata que destrozaban los troncos milenarios.Yo estaba allí, sentado en el centro del huracán, con los ojos en blanco y el cuerpo vibrando por la sobrecarga. Natalia estaba sobre mí, protegiéndome, disparando flechas cargadas de energía verde que buscaban los puntos débiles de las armaduras de grafeno.—¡Despierta, Bryan! ¡No me dejes sola en esto! —el grito de Natalia me llegó como un eco lejano, una cuerda de salvamento en medio de un mar de estática.Derek estaba en su elemento. El Alfa, o lo que quedaba de él, era una visión de pesadilla y gloria. S
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