La oscuridad de los túneles ancestrales era espesa, casi viva. No era solo ausencia de luz; era un velo antiguo que parecía respirar junto a ellos. Natalia sostenía una pequeña esfera de luz ámbar en la palma de su mano, pero incluso esa luz temblaba, como si temiera lo que se avecinaba.Bryan caminaba delante, aún en su forma híbrida. El pelaje oscuro veteado de plata brillaba débilmente con cada paso. Su cuerpo ardía. Sentía cómo la sangre del Progenitor luchaba dentro de él contra su propia naturaleza lobuna, intentando fusionarse… o destruirlo.—Bryan… —susurró Natalia, acercándose—. Tus ojos… están cambiando otra vez.Él se detuvo y se miró las manos. Las garras eran más largas, más curvas, y en los bordes brillaban diminutas runas que no pertenecían a su linaje conocido. Un dolor punzante le atravesó el cráneo.—No soy solo yo —gruñó, con voz más grave y antigua—. Hay algo más dentro. Algo que Vance despertó.Sarah, que caminaba detrás en silencio, habló con voz cansada:—La sang
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