El santuario de los ancestros ya no existía. Solo quedaban ruinas humeantes y un silencio sepulcral roto por el crepitar de las últimas brasas. La magia antigua que una vez protegió ese lugar sagrado había sido profanada.
De entre los escombros, una mano carbonizada emergió.
No era una mano normal. La piel se había quemado por completo, dejando solo carne negra y brillante como obsidiana, surcada por venas de fuego líquido. Derek se levantó lentamente. Ya no era el Alfa de carne y hueso. La plat