El santuario de los ancestros ya no existía. Lo que antes fue un lugar de paz ahora era un cementerio de piedras calcinadas y humo plateado. El silencio en la superficie era sepulcral, solo roto por el crujido de los escombros enfriándose bajo la luna.
De repente, una piedra inmensa se movió. No fue un movimiento natural. Fue como si el suelo mismo estuviera sufriendo un espasmo.
Una mano emergió de las cenizas. Pero no era la mano de Derek. No había piel, ni vello, ni rastro de humanidad. Era