La oscuridad de los túneles subterráneos de Eldoria no era negra; era de un tono violeta asfixiante. El único rastro de luz provenía del manantial que se filtraba por las grietas y de los destellos intermitentes que emanaban de la piel de Bryan.
—Quédate quieto… por favor, Bryan, quédate quieto —suplicó Natalia.
Su voz temblaba. Estaban refugiados en una cámara de piedra caliza, lejos del ruido de los drones, pero el peligro estaba dentro. Bryan estaba sentado contra la pared, respirando con un