El cielo de Eldoria no se nubló, se pudrió. El zumbido de los drones de Vance no era un ruido mecánico; era el sonido de una sentencia de muerte que nos perseguía desde el pasado.
Bryan sentía que el pecho le iba a estallar. Acababa de descubrir que su vida entera era un castillo de naipes construido sobre las mentiras de un padre "santo" y el sacrificio silencioso de un "monstruo". Miró a Derek, que apenas respiraba, y sintió una rabia amarga, una mezcla de odio y una gratitud que le quemaba l