Bryan despertó con el sabor del metal en la boca y un zumbido eléctrico que le recorría los dientes. No estaba en una celda, ni en un laboratorio común. Estaba colgado.
Sus brazos mecánicos estaban encadenados a dos pilares magnéticos que lo mantenían suspendido en el aire. Al abrir los ojos, el vértigo lo golpeó. Estaba en una plataforma inmensa, y debajo de él se extendía la Ciudad de Plata: una metrópolis subterránea construida en una caverna colosal, iluminada por un resplandor azul neón qu