El túnel olía a ozono y a carne quemada. La presencia de Derek, ese espectro de ceniza y fuego, hacía que el aire fuera casi irrespirable, pero el verdadero sofoco estaba en el pecho de Bryan.
—¡No la voy a tocar! —gritó Bryan, mirando a su madre—. ¡No voy a morderla! ¡Ya le han hecho suficiente daño!
—Entonces nos has condenado a todos —la voz de Derek sonó como el crujir de un incendio—. Vance está a minutos de sincronizar tu núcleo. Si no liberas el virus de Sarah ahora, serás el verdugo de