Amelia acercó la mano con cautela hasta el caballo, después de que Dimitri le indicara cómo hacerlo. Rozó su hocico una vez… y luego otra. Sonrió al ver que el animal no se apartaba, así que volvió a acariciarlo, esta vez con más seguridad. Su pelaje era suave, cálido.—Eres un muchacho lindo, ¿verdad? —murmuró con dulzura—. El mejor del mundo.—¿Debería sentirme celoso? —preguntó Dimitri. —Cuando quieras puedo pasar mi mano por tu cabello y decirte que eres un buen muchacho —añadió, con un dejo travieso en la voz.Amelia giró la cabeza hacia él con una sonrisa en los labios… y se encontró con su mirada fija, intensa. Por un instante, quedó atrapada en ella y se olvidó de todo lo demás. Dimitri se inclinó y la besó.No pasó mucho antes de que el beso se intensificara. La tensión entre ellos llevaba días acumulándose, creciendo de forma silenciosa, cada vez más difícil de ignorar.Amelia estaba desesperada por algo más, pero incluso con sus hormonas alborotadas, no se había atrevido
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