Ashton tomó asiento frente a Dimitri con una expresión seria.—¿Qué tienes para nosotros?—He estado revisando los registros de acceso a los archivos en paralelo con el material de videovigilancia —respondió, directo—. No hay coincidencias limpias.Dimitri entrelazó las manos sobre la mesa.—¿Qué significa eso? —preguntó Sergey, con el ceño fruncido, como si ya anticipara la respuesta.Ashton deslizó su tableta hacia ellos. En la pantalla se sucedían imágenes: capturas de pasillos, horarios, nombres de usuarios. No demasiado rápido, pasó al siguiente archivo y luego al siguiente.Dimitri mantuvo su mirada fija en la pantalla, recorriendo cada imagen con detenimiento, como si esperara que, en algún punto, encontrara algo que no encajara del todo. Pero no había nada fuera de lugar, todo se veía demasiado normal.—Como ya saben, los accesos se realizaron con distintas credenciales —explicó—. El problema es que, al cruzar esos registros con las cámaras, siempre hay más de una persona en e
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