Dimitri miró a Amelia. Ella no había dicho nada en un buen rato y, cada vez que él intentaba iniciar una conversación, la cortaba casi de inmediato.Después de cenar, había decidido que quería dar un paseo por el parque. Caminaba a su lado, pero era como si estuviera a kilómetros de allí.No le gustaba la distancia entre los dos. —Deberíamos ir a casa —dijo al fin. —¿Ya te aburriste?—No, pero me preocupa que hayas pasado demasiado tiempo de pie. Recuerda lo que dijo el doctor…—No lo he olvidado. No contigo repitiéndolo a cada momento —respondió ella con irritación.En serio, ese hombre la confundía. Un momento actuaba de forma irracional; al siguiente, sorprendentemente sensato. A veces, muy raras veces, le daba su espacio… y luego volvía a ser mandón y posesivo.—Bueno, volvamos —aceptó, con poca resistencia; estaba realmente agotada.Amelia se dio la vuelta para regresar al auto, pero no dio ni un paso. Con solo pensar en recorrer toda la distancia de vuelta, sintió una pereza
Ler mais