Amelia apartó las sábanas a un lado, dispuesta a levantarse. Dimitri no pasó por alto la expresión en su rostro… y no le gustó en absoluto. No pensaba dejarla marcharse sin aclarar lo ocurrido, eso solo podría crear distancia entre ellos. En un movimiento rápido, se interpuso en su camino y quedó a horcajadas sobre sus piernas, impidiéndole avanzar. Tomó su rostro entre ambas manos y capturó sus labios en un beso frenético, cargado de urgencia.—Te amo —susurró contra su boca.Amelia guardó silencio un instante, observándolo con detenimiento.—¿Lo dices porque es lo que sientes… o porque temes que, cuando descubra todo lo que pasó anoche, me enfade?—Necesito que confíes en mí cuando te digo que no hice nada —replicó, con firmeza—. La única razón por la que una de esas mujeres pudo acercarse lo suficiente a mí fue porque estaba drogado.Amelia sostuvo su mirada, escrutándolo en busca de cualquier indicio de mentira, pero no encontró ninguno. —Te creo —admitió al fin—, aunque no deja
Leer más