Oliver intercambió una mirada con Travis y asintió. Se acercó a la puerta y probó el pomo; no cedió. Una maldición se quedó atrapada en su garganta. Retrocedió unos pasos, alzó tres dedos y los fue bajando en silencio. Al llegar a cero, lanzó una patada.
La puerta se abrió de golpe. Escuchó un grito agudo y una maldición.
Entró primero, arma en alto, analizando la situación en el interior con rapidez.
Una mujer se cubría el pecho con las manos mientras intentaba acomodarse el vestido y aparta