Amelia se quedó en la sala, observando cómo los hombres entraban cargando cajas y regresaban con las manos vacías. Eran demasiadas, pero Dimitri había contratado a un equipo lo bastante grande como para que todo avanzara con una rapidez sorprendente. Habían subido todo a los camiones en tiempo récord y nada indicaba que fueran a tardar más en desempacar.
Miró a su alrededor con una sonrisa que no pudo contener. La emoción le recorría el cuerpo con tanta intensidad que sentía que, en cualquier m