Dimitri dejó los cubiertos sobre el plato y echó un vistazo a su reloj de muñeca. Se obligó a no levantarse en ese mismo instante.
Había pasado media hora… Media hora desperdiciada.
Crawford no había hecho una sola mención sobre la decisión que había tomado. Toda la conversación había girado en torno a un coqueteo burdo con las mujeres que lo acompañaban, comentarios de mal gusto y anécdotas de fiestas que a Dimitri no le interesaban en lo más mínimo.
Le resultaba irritante. Y francamente desag