Dimitri tenía la mirada fija en una de las líneas del informe que su jefe de seguridad le había entregado.
—¿Estás seguro de esto? —preguntó sin alzar la vista.
—Sí, señor. Corroboré la información directamente con la empresa.
Observó los documentos un rato más, leyendo el resto de información. Luego cerró la carpeta con un movimiento seco y dejó escapar una maldición en voz baja mientras se reclinaba en el sillón. Aquello era demasiada coincidencia. Pero él no creía en las coincidencias.
Tomó