Amelia no estaba segura de qué debía hacer. Ni Dimitri ni ella eran amigos de Lily, así que tal vez lo más sensato sería ignorarla. Casi esperaba que fingiera no verlos y siguiera de largo. Pero conocía lo suficiente ese mundo como para saber que eso solo alimentaría rumores… y Lily no iba a arriesgarse a ello. Quizás, con el tiempo, podrían comportarse como completos desconocidos. Pero no ese día.
—Dimitri —saludó Lily—. Amelia —añadió, con una sonrisa aún más tensa.
A su lado había una mujer