Amelia empujó suavemente la puerta de la floristería y una campanilla discreta anunció su llegada.
El aroma de las flores la envolvió de inmediato.
—Buenas tardes —la saludó una joven desde detrás del mostrador.
Amelia se acercó con una sonrisa educada.
—Buenas tardes. Tengo una cita con la señora Julia.
La ayudante asintió con rapidez.
—Claro, señora. Amelia Smirnova, ¿verdad?
—Sí.
—Perfecto. Si me permite un momento, le avisaré a mi mamá que ya se encuentra aquí.
—Gracias.
La joven desapareci