Dimitri parpadeó, confundido. Su mente se sentía sumergida en una niebla espesa, y sus pensamientos avanzaban con una lentitud exasperante.
Vio a su esposa levantarse y alejarse de él. Quiso llamarla, pero las palabras no llegaron a salir.
Sin poder evitarlo, sus ojos volvieron a cerrarse. No estaba seguro de si se había quedado dormido otra vez ni de cuánto tiempo había pasado cuando escuchó una voz.
—Señor Smirnov. ¿Puede escucharme?
—Mmm… —murmuró.
Se obligó a abrir los ojos de nuevo. Su mir