Warren ya llevaba desaparecido tres meses, sin que pudiera saber algo de su paradero, si estaba vivo, escondido, detenido, desterrado o muerto. Su secretaria tampoco sabía nada y lloraba sin consuelo, desesperada por no saber nada de su jefe. Moe no se aparecía por su oficina y, reitero, era como si se la tierra se lo hubiera tragado. Yo llamaba y llamaba a su móvil queriendo encontrarlo, sin embargo él seguía como no habido en todo el planeta. Yo tenía en alerta a todos mis contactos en el mundo. Ya saben que manejo un gigantesco imperio con hoteles, clínicas, fábricas, empresas, industrias, astilleros, financieras, en fin, todos los rubros y rogaba a mis empleados, gerentes y accionistas que buscaran alguna información sobre el paradero de Moe Warren. Fue Häller quien se enteró que Moe estaba siendo perseguido por bandas muy peligrosas vinculadas al tráfico de fármacos y que se encontraba escondido, tratando de evadir a esos peligrosos criminales. -¿Por qué lo buscan?-,
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