Lo invité a McEnroe a comer una deliciosa parrillada en los jardines del Rancho Monroe. Como les digo, con McEnroe manteníamos una gran amistad de muchísimos años atrás, desde que yo era modelo de pasarelas. -No sabía que cocinaras tan bien-, estaba entusiasmado McEnroe devorando las frituras. Además de las carnes, yo había preparado, también, hamburguesas, chorizos, milanesas y hamburguesas y todos estaban exquisitos. -No podemos renunciar a lo que somos-, le dije a McEnroe, a propósito del video. -A mí me hubiera gustado seguir joven por toda la vida-, suspiré dolida. McEnroe sonrió. -A mí me pareces más bella que antes-, fue muy galante conmigo. Me reí de buena gana. -A lo que me refiero es que me gustaba mucho mi vida entre luces, bambalinas, aplausos, vestidos, colores y brillos-, le remarqué. Eso era cierto. Yo extrañaba ese ambiente de intenso hormigueo cuando participaba en los desfiles de modas, las maquilladoras poniéndome bella, los cambios continuos de vestidos, en
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