Nos casamos en una pequeña isla en el Caribe. Fue una ceremonia bastante simple y sencilla, que apenas duró diez minutos. Yo no quería, como siempre, nada de publicidad ni esas cosas. Ni siquiera Daysi se enteró de mi noveno matrimonio. Yo ya había cometido demasiados errores en mi vida y lo que menos deseaba era el escarnio de mi amiga. Ella en forma sempiterna me dijo que yo era una inmadura, una precipitada, una loca de atar y ahora que me había casado con un evidente mafioso, seguro que Da