Warren ya llevaba desaparecido tres meses, sin que pudiera saber algo de su paradero, si estaba vivo, escondido, detenido, desterrado o muerto. Su secretaria tampoco sabía nada y lloraba sin consuelo, desesperada por no saber nada de su jefe. Moe no se aparecía por su oficina y, reitero, era como si se la tierra se lo hubiera tragado. Yo llamaba y llamaba a su móvil queriendo encontrarlo, sin embargo él seguía como no habido en todo el planeta.
Yo tenía en alerta a todos mis contactos en el