La traición no siempre llegaba con estruendo. A veces se colaba por las rendijas del silencio, disfrazada de buenas intenciones, vestida con el traje impecable de la protección. Y Ximena estaba a punto de descubrir que las jaulas más sofisticadas no tenían barrotes visibles.El edificio de Grupo Obsidiana se alzaba contra el cielo gris de la Ciudad de México como un monolito de cristal y acero. Ximena observó su reflejo en las puertas giratorias antes de entrar, reconociendo apenas a la mujer que le devolvía la mirada. Tres semanas atrás, habría esperado el permiso de Thiago para estar ahí. Hoy, había salido del penthouse mientras él atendía una conferencia internacional, ignorando las protestas de Marco.La libertad se conquista, no se negocia, pensó mientras el ascensor la llevaba al piso veintitrés, donde Rodrigo Medina tenía su oficina. El abogado hab&iac
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