Mundo de ficçãoIniciar sessãoLos pactos con el diablo nunca se firmaban con tinta. Se sellaban con silencios cómplices, con información que quemaba las manos de quien la sostenía, con decisiones que manchaban el alma de quien las tomaba. Y esa tarde de jueves, Thiago Monteverde estaba a punto de cerrar uno de esos tratos que no tenían vuelta atrás.
El restaurante Quintonil lucía vacío a las tres de la tarde. Las mesas permanecían impecablemente dispuestas par







