La citación llegó a las nueve de la mañana del viernes, envuelta en el formalismo burocrático que caracterizaba a los abogados caros. Papel membretado, tinta negra, sellos oficiales que pretendían dar legitimidad a lo que no era más que un golpe bajo disfrazado de justicia.Thiago la sostuvo entre sus dedos mientras el silencio se espesaba en su despacho de Polanco. A su derecha, Rodrigo Maldonado, su abogado principal, revisaba una copia del documento con el ceño fruncido. A su izquierda, Ximena permanecía inmóvil en el sofá de cuero, con las manos entrelazadas sobre el regazo y la mirada fija en algún punto indefinido de la ventana.—Ochocientos millones de pesos —leyó Thiago en voz alta, y su tono no traicionó emoción alguna—. Por "alienación de afecto conyugal, daño moral irreparable y manipulación premeditada de mujer vulnerable
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