Abrí los ojos con las primeras luces del día. En unas horas estaría sellado nuestro futuro y eso en parte me aterraba. Algo en mí me empujaba a pensar que la cofradía no quedaría conforme con ese pacto.De todas formas, ahora mismo necesitábamos tiempo. Un tiempo que compraba ese acuerdo.Me giré buscando el calor de Romano, pero no estaba. Me asusté. Su silla seguía junto a la cama, pero… entonces escuché abrirse la puerta del cuarto de baño.De este salía Romano con el pelo mojado y algunas gotas de agua por su cuerpo, pero los parches que cubrían sus heridas, perfectamente secos. No pude evitar sonreír… incluso cojeando seguía siendo irresistible para mí.Se sentó en la cama y me besó en los labios.—¿Te importaría sacarme la ropa del vestidor?No contesté, solo lo abracé y me acerqué después a este. Habían bajado varios trajes, camisas y ropa interior de su habitación a la mía. Cogí lo necesario y se lo dejé en la cama, antes de dirigirme a asearme.Cuando salimos del dormitorio,
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