Cerré un momento los ojos. Respiré profundo y salí hacia el atril dispuesto en el centro. Mi hermano me recibió con un abrazo y se apartó para dejarme pasar. Isabella solo asintió y me señaló el atril, quedándose a mi derecha.Podía parecer una tontería, pero tenerla a mi lado y no un paso detrás me daba algo más de confianza. Miré hacia el público. Mis ojos recorrieron la primera fila, pero me detuve al fondo de la sala. Allí estaba mi familia mirando con asombro, como si no dieran crédito a sus ojos. Por la puerta vi entrar al estúpido de Ricardo, que sonrió al verme allí, como si aquello no fuera una sorpresa para él.—Bienvenidos a todos. —Comencé algo insegura y sujetando el atril con mis dos manos, para evitar mostrar mi temblor. —En especial a los accionistas y familiares. Últimamente s
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