Mientras nuestros cuerpos se consumían por la pasión acumulada, me fui dejando arrastrar entre sus caricias y sus besos.Sin llegar a entender cómo, me encontraba tumbada en una cama; mi vestido había caído, perdido en algún punto de la habitación. Romano se quitó la chaqueta con prisa contenida, y mis manos fueron directas a su camisa, desabrochándola botón a botón, sin apartar la mirada de él. Pronto su cincelado cuerpo quedó en mis manos. Mordí mi labio inferior presa de la lujuria.Le desaté el nudo de la corbata y tiré de ella para obligarle a volver a mí.—Te amo, hazme tuya.Su respiración en contacto con mi piel me hizo estremecer, pero negó.—No, aún no.Sus labios descendieron por mi cuello, provocándome un escalofrío de placer que me recorrió entera. Cada roce, cada pausa calculada, me hacía perder un poco más el control.—Romano…Noté cómo sonreía contra mi piel. Jugaba con mis sensaciones, con mi cuerpo, con mi deseo. Y aun así… no podía parar. Mi cuerpo suplicaba más a c
Leer más