Llegamos a nuestro hogar… ¿Hogar? ¿En qué momento había pasado a considerarlo mi hogar y no mi prisión? Romano iba a subir para su habitación. La vuelta en el coche había dejado claro que algo estaba roto, pero yo no podía terminar ahí la noche.
Sin pudor alguno le agarré de la muñeca derecha. Él sintió mi agarre y se detuvo en el acto volviéndose hacia mí. No sabía qué hacer a continuación, ¿cómo actuar? Romano permaneció expectante durante una eternidad. Esperando una reacción en mí que no ll