El día había pasado entre reuniones, firmas y decisiones importantes. Amelia apenas había tenido tiempo para respirar, pero todo fluía con una precisión impecable.Miriam tenía cada detalle bajo control.—Wow, Miriam… de verdad eres maravillosa. La empresa funcionó súper bien sin mi —dijo Amelia cerrando una carpeta, sorprendida y orgullosa.Miriam sonrió, aunque el leve brillo en sus ojos delataba el estrés acumulado.—Gracias, Amelia. Tuve que tomar decisiones importantes… como con el señor García. Tuve que despedirlo por espionaje, y salió muy mal parado de la empresa.Amelia asintió, impresionada.—Y lo hiciste perfecto.En ese instante, la puerta se abrió.Erick entró primero, elegante, imponente. Detrás de él venía Miguel, relajado como siempre, pero con esa chispa divertida en los ojos.Miriam se puso de pie de inmediato.—Señor Blackwood… Miguel.Erick le dedicó una sonrisa amable.—Llámame Erick, Miriam. Miguel me contó que hiciste un trabajo excelente mientras estábamos en n
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