Amelia bajó las escaleras con los ojos vendados, guiada con suavidad por la mano firme de Erick.El aroma a cena recién preparada y a velas de vainilla llenaba el aire. A lo lejos, el sonido constante de las olas rompiendo contra la orilla marcaba el ritmo de la noche. La brisa marina entraba suave por los ventanales abiertos.—¿Qué es esto, Erick? —preguntó ella, sonriendo con esa mezcla de curiosidad y emoción.Él se inclinó apenas hacia su oído.—Bueno, señora Blackwood… un día como hoy, sus labios tocaron los míos por primera vez… robándome el alma.Con delicadeza, desató la pañoleta.Amelia abrió los ojos lentamente.Frente a ella, la sala estaba iluminada por decenas de velas de vainilla. Pétalos de rosa cubrían el suelo formando un pequeño camino hasta la mesa. La cena estaba perfectamente dispuesta: su plato favorito, jugo natural frío, y al centro, un delicado tazón de frutillas bañadas en chocolate, exactamente como a ella le gustaban.Sus ojos se humedecieron.—Erick… esto
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