La cena terminó entre aplausos formales, risas diplomáticas y despedidas elegantes.Miriam estaba agotada.No físicamente, si no emocionalmente.Joshua se acercó a ella mientras los últimos invitados comenzaban a retirarse.—Te llevo a casa, te ves cansada —dijo con suavidad.Ella asintió.—Gracias.Él tomó su mano para guiarla entre las mesas, el gesto fue natural. Caballeroso.Y Miriam sintió algo.Calidez, seguridad, un tipo de tranquilidad que no la desarmaba, no le temblaban las rodillas, no se le aceleraba la respiración, era… cómodo.Y eso la confundía.Porque cuando Miguel la tocaba…Era electricidad pura, era incendio, era ese latido descontrolado que parecía querer romperle el pecho.Joshua abrió las puertas del salón y salieron al aire nocturno.La brisa era fresca, el estacionamiento estaba apenas iluminado por faroles bajos.Joshua no soltó su mano, la apretó ligeramente.—Gracias por venir conmigo esta noche, de verdad fue un agrado tenerte cerca, es primera vez que disf
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