El mes había pasado más rápido de lo que cualquiera de los dos hubiera querido.
La luna de miel había terminado.
Habían sido días perfectos. Días donde Amelia y Erick se amaron con total libertad, sin llamadas urgentes. Solo ellos, el mar, las noches tibias y las mañanas lentas entre risas y caricias. A pesar que los enemigos no descansaron, Erick los mantuvo a raya y ocultos de Amelia, quería que esta luna de miel fuera inolvidable y no dejaría que se preocupara.
En el avión privado de regreso