Erick acompañó a Amelia hasta su oficina, aún con la calidez del almuerzo en la piel.
—Lista, princesa. En su oficina para que siga trabajando —dijo acomodándole un mechón de cabello—. Pero no te sobreexijas, ¿sí? Recuerda que tienes a nuestro pequeño en tu vientre.
Amelia sonrió, rodeando su cuello con los brazos.
—El almuerzo estuvo delicioso. Gracias, amor.
—De nada, princesa. Almorzar contigo es lo mejor del día. Así que lo haremos a diario. Estoy pensando seriamente en traer mi oficina par