La cena terminó con aplausos.Erick Blackwood dio su discurso perfecto: firme, seguro, impecable.Habló de negocios, de inversión, de caridad… pero ni una sola vez miró hacia donde Amelia estaba. Ella apenas respiraba, no podía dejar que terminara así, no podían morir así.Cuando él salió del escenario, Amelia lo siguió, caminó entre mesas, entre murmullos, entre miradas.Hasta que lo encontró en un pasillo lateral del salón, un espacio silencioso, iluminado solo por lámparas doradas.—Erick… —susurró ella.Él se detuvo, Se giró despacio.Su mirada recorrió su cuerpo desde los zapatos hasta el rostro, sin emoción, sin reconocimiento, sin suavidad.—Amelia —respondió, con la misma frialdad de hielo que en el salón.Ella dio un paso hacia él.—¿Podemos hablar?—No. —Erick se metió las manos en los bolsillos del smoking—. Ya nos dijimos todo. No es necesario.Amelia sintió que algo se rompía, aun así, intentó una vez más, porque Erick valía la pena para ella.—Erick… por favor. No entien
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