Erick no perdió tiempo. Después de regresar a la ciudad solo para organizar lo mínimo con su equipo, volvió al pequeño pueblo costero antes de que amaneciera. Necesitaba estar cerca de Amelia, pero no invadirla. No podía cometer el error de apresurarse. Así que seleccionó con cuidado una de las cabañas a la venta, tres casas más allá de la suya. Una cabaña discreta, de madera clara, con vista al mar y un pequeño jardín abandonado que planeaba arreglar más tarde. La compró sin regateos, sin preg