Amelia despertó con una sensación extraña, dulce, cálida… una presión suave en los labios, como si el eco de un beso todavía viviera ahí. Abrió los ojos despacio, confundida, porque hacía años que no sentía algo así recién despertando. Miró a su alrededor y se encontró en su cama, perfectamente acomodada bajo la manta, sin recordar cómo había llegado ahí.El corazón le dio un vuelco.Erick…Su aroma seguía impregnado en la almohada, mezcla de madera, jabón y ese algo indefinible que siempre hacía que su corazón latiera.Se incorporó despacio y bajó los pies de la cama. Probó apoyar el tobillo, temiendo el dolor, pero para su sorpresa solo sintió una tensión leve. Caminó hasta la cocina, esperanzada… pero la casa estaba vacía. Erick no estaba. Ni una nota. Ni un sonido. Nada.Y aun así, ese traidor que tenía en el pecho golpeó con fuerza, deseando verlo al despertar.Suspiró, regañándose mentalmente por sentir lo que no debía. Fue al baño, se metió a la ducha y dejó que el agua calient
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