El palco de los Valentine se sentía como una celda de cristal suspendida sobre un mar de ruido y fervor militar.Diamond se encontraba en el centro, flanqueada por sus dos hermanos, una posición que en cualquier otra circunstancia parecería de protección, pero que para ella era una tenaza.A su derecha, Allen mantenía una expresión de profunda incomodidad, desviando la mirada hacia la arena de combate como si quisiera fundirse con las piedras.A su izquierda, Killian era una presencia telúrica; no se movía, no hablaba, pero su aura de superioridad y malicia envolvía a Diamond como una mortaja de hielo.Ella se mantenía en un silencio absoluto, con la espalda tan recta que temía que su columna se quebrara ante la mínima presión.Sabía que, tras esa fachada impasible de su hermano mayor, Killian hervía de furia.Y sabía, con un terror que le calaba los huesos, que ella era la única razón de ese incendio interno.—¿Por qué estás tan callada, Diamond? —la voz de Killian cortó el aire, car
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