El silencio que siguió a la llegada de Ridell fue más aterrador que cualquier grito previo.
La mano del Capitán seguía cerrándose sobre la muñeca de Killian, y el crujido de los huesos bajo su presión era el único sonido en el pasillo sombrío.
Ridell no esperó a que Killian hablara; con un movimiento cargado de una furia animal, empujó a Killian hacia atrás.
El heredero Valentine voló por el aire, chocando con una hilera de pesadas sillas de madera que se astillaron bajo su peso.
Killian se inc