El aire en el gran comedor de la mansión North se había vuelto denso, casi sólido.Diamond permanecía sentada con la espalda rígidamente recta, sintiendo cómo el sudor frío le recorría la columna.Frente a ella, Killian Valentine cortaba un trozo de carne con una elegancia que resultaba obscena dada la tensión que emanaba de su figura.A su lado, Allen permanecía en un silencio sepulcral, con la mirada fija en su plato, como si esperara que la porcelana lo tragara.Celine, sentada al extremo de la mesa, era el único escudo que Diamond tenía, pero se sentía como un escudo de papel frente a un incendio forestal.El Patriarca no había salido de la oficina luego de la discusión con su hija, y la ausencia de Ridell pesaba más que nunca.—¿Por qué pareces tan nerviosa, Diamond? —preguntó Killian, levantando sus ojos avellana hacia ella.Su voz era suave, casi cariñosa, pero Diamond conocía el filo que se ocultaba tras esa seda.—No estoy nerviosa, hermano mayor —respondió ella, forzando una
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