El pasillo que conducía a los vestidores de los oficiales resonaba con el eco de las botas militares y el murmullo bajo de los hombres preparándose para la contienda.
Celine caminaba con los puños apretados, ignorando las advertencias de Mark, quien la seguía a un paso de distancia, con el rostro contraído por la tensión.
—Celine, detente —insistió Mark, tratando de sonar razonable—. Estás actuando de manera apresurada.
El Capitán está concentrado, no es el momento. Deberíamos ir al palco y e