El reservado del club de esposas militares olía a té de jazmín y a una falsa cortesía que Diamond encontraba asfixiante.
Frente a ella, Sienna Ivolet mantenía una postura rígidamente aristocrática, sosteniendo su taza de porcelana con una elegancia que contrastaba violentamente con la mirada siniestra que le dirigía.
Sus ojos dorados recorrían a Diamond con un desprecio absoluto, como si estuviera analizando una mancha de suciedad en un lienzo inmaculado.
Diamond, sin embargo, no se movió. Se r